Güemes: entre la lucha independentista y la “incomodidad” para la elite salteña

Sara Mata, doctora en Historia, analiza el contexto político en que se produjo la muerte de Martín Miguel de Güemes, luego de una emboscada realista. Los aportes de quien fuera gobernador de Salta en la lucha constante contra los ejércitos de la corona española y los vínculos con Manuel Belgrano y José de San Martín, analizados por una investigadora del CONICET.

Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)- Militar y político argentino, con un rol clave en la lucha independentista en el norte argentino y continuamente revisitada su figura y su vida pública por la historiografía nacional, la figura de Martín Miguel de Güemes se vuelve esencial para entender los complejos procesos sociopolíticos de aquellos turbulentos años.

“Güemes tiene un papel muy destacado porque cumple dos roles. Por un lado, ser gobernador, durante seis años, de la provincia de Salta. Por otro, por ser oficial del Ejercito Auxiliar del Perú, lo cual contribuye a que su autoridad sea reconocida. Pero su figura fue importante, no podemos quedarnos solo con el relato de haber resistido y liderado la resistencia a las invasiones realistas en Salta y Jujuy”, apunta Sara Mata, doctora en Historia e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades (CCT-Salta Jujuy).

Cuenta Mata que el caudillo salteño, más allá de su destacado rol frente a las fuerzas realistas, tuvo desavenencias con otros líderes independentistas, como, por ejemplo, Manuel Belgrano. “Ya Güemes no había participado de las batallas de Tucumán y de Salta, por haber sido desafectado del Ejército después de la batalla de Suipacha, al discrepar con Antonio Balcarce y Juan José Castelli. Luego, por intermedio de Juan Martín de Pueyrredón, es reincorporado al Ejército”, narra la investigadora, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM.

Al hacerse cargo de la jefatura del Ejército, Manuel Belgrano lo envía a Santiago del Estero, con la misión de reunir ganado y hombres. “Belgrano acusa a Güemes de tener mala conducta y vivir amancebado con la esposa de otro oficial, enviándolo a Buenos Aires- explica Mata-. La relación, evidentemente, quedó muy tensa, pero cuando Belgrano vuelve a hacerse cargo del Ejército en 1816, le escribe a Güemes afirmándole que ha dejado atrás el concepto negativo que tenía de él. A partir de ese momento, la relación entre ambos será de amistad y de colaboración mutua”.

En 1816, Güemes estaba convencido de que había que posponer otra expedición hacia el Alto Perú, en poder de las fuerzas realistas, y fortalecer el proyecto sanmartiniano. “Para Güemes, al igual que para San Martín, existía el peligro de una expedición que ingresara a Mendoza desde Santiago de Chile, recuperado en 1814 por los realistas, obligando al Ejército Auxiliar a desplazarse desde Tucumán a socorrer a la provincia cuyana”.

Un final entre tensiones políticas, económicas e independentistas

Los libros de historia cuentan que Martín Miguel de Güemes murió el 17 de junio de 1821, en una emboscada en la ciudad de Salta cuando estaba tratando de organizar el ejército que le solicitaba San Martín desde Perú, para avanzar hacia el Alto Perú con la finalidad de cercar a las fuerzas realistas.

Carga de los infernales, óleo de Juan Boero, Fuente: Ministerio de Defensa de la Nación.


“Sin dudas, su muerte tuvo un impacto importante en el desarrollo de la guerra en América del Sur. Se ha acusado a los comerciantes de querer deshacerse de Güemes porque este había bloqueado el comercio con el Alto Perú, ya que implicaba el envío de mulas, que era un insumo fundamental para el desplazamiento del ejército realista. A raíz de este bloqueo, el comercio local estaba arruinado y Güemes, además, pedía empréstitos y hasta confiscaba bienes para poder sostener sus cuerpos de milicianos”, describe la investigadora.

Sin embargo, más allá de esta visión que explica que los comerciantes se beneficiaron con su muerte, Mata agrega que ya el historiador Atilio Cornejo, en 1948, mencionaba que era imposible que 600 hombres ingresaran hasta la ciudad de Salta sin que las milicias y escuadrones gauchos los advirtieran. “Para eso tuvo que haber habido cooperación, no solo de la elite sino, también, de algunos jefes de milicias que formaban parte de sus fuerzas”, resalta la doctora en Historia.

Ya la elite había intentado destituirlo, sin éxito, una semana antes a través de un manifiesto del Cabildo. Entre las razones políticas, apunta la investigadora, se encuentra la alteración del orden social a partir de la movilización rural, con la ocupación de tierras, el no pago de los arriendos, y el goce del fuero militar a los gauchos. “La elite de Salta verá en él a un seductor de masas permisivo con el no pago de los arriendos, lo cual erosiona su autoridad pues no solo estaban descontentos los comerciantes, sino, también, los grandes propietarios”, resume la investigadora.

A este escenario conflictivo se sumaría la restitución, en 1820, de la constitución liberal gaditana, cuyas cortes dispusieron el envío de comisionados a América para pacificar a los territorios ultramarinos, con la propuesta de otorgar cierta autonomía política formando parte, no obstante, de la monarquía. “Güemes estaba totalmente convencido de que había que continuar la guerra tal como había acordado con San Martín y lograr la independencia de la América del Sur. La posibilidad de concretar un tratado que concluiría con la guerra pudo haber incidido también en la decisión de una facción de la elite salto-jujeña de desplazarlo definitivamente del escenario político”, concluye.