Combatir al mosquito sin dañar el ambiente

El dengue es una de las enfermedades tropicales más peligrosas para la población en Argentina, entre otros países latinoamericanos, pero combatir la plaga del mosquito provoca efectos colaterales en el ambiente. Por eso, el biocontrol es una técnica que se ofrece como una posible alternativa al uso de insecticidas químicos.

Agencia CTyS (Leandro Lacoa)- El problema principal en el control de plagas es la metodología aplicada, porque la fumigación química puede provocar desequilibrios ecológicos como la eliminación de especies benéficas y la acumulación de químicos en el suelo y el aire, entre otros perjuicios.

Ante esta problemática, el biocontrol de plagas surge como una técnica alternativa que tuvo éxito en especies del mundo vegetal y derivó en estudios relacionados con la salud humana. Hoy se aplica, por ejemplo, en la erradicación de insectos transmisores de enfermedades tropicales como el Aedes aegypti.

En este sentido, varias instituciones académicas del país investigan el biocontrol. Tal es el caso del Centro de Estudios Parasitológicos y Vectores (CEPAVE), que pertenece al CONICET, y la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), cuyas investigaciones tuvieron éxito a nivel internacional.

“El uso de insecticidas químicos no se puede descartar completamente”, reconoce el Dr. Juan García, quien pertenece al área de Sistemática, Biología y Control de Invertebrados de Importancia Sanitaria y Económica del CEPAVE.

Por lo tanto, combatir a los vectores de enfermedades implica combinar la química con otras técnicas, que generen menor impacto al medioambiente. También, la prevención es un camino para evitar el uso de “recetas rápidas”. De allí que se creó recientemente el Instituto de Medicina Tropical en Puerto Iguazú (Misiones), y se prevé la compra de una vacuna, que ya se aplica en Tailandia.

Debido a las campañas de prevención y por cuestiones estacionales, durante los primeros meses de 2011, la cantidad de personas con dengue no superó los 1.000 casos, un número  bastante inferior a las cifras del bienio 2009-2010 que evidenciaron más de 27.000 afectados en todo el país. En este sentido, las investigaciones buscan colaborar con el control del mosquito, en caso de futuros rebrotes.

Insectos que pueden detener al mosquito

Si bien el biocontrol no es una práctica difundida en el país,  hay grupos de investigación que se dedican a perfeccionar la técnica y descubrir nuevos controladores biológicos de los vectores de enfermedades.

Uno de los estudios pioneros se desarrolló en los laboratorios del CEPAVE, a través del área de Sistemática, Biología y Control de Invertebrados de Importancia Sanitaria y Económica, que está a cargo de los doctores Alda González, Juan José García, Nora Camino y Carlos Lange.

“El control biológico puede dar excelentes resultados, pero en Argentina hay pocos grupos de investigación que lo trabajan, tal es así que estamos detrás de países como Brasil, que organiza el Congreso más importante del mundo sobre este tema”, sostuvo el Dr. García.

En La Plata, los investigadores avanzaron en la experimentación con mojarritas, peces que podrían controlar y hasta erradicar las larvas de Aedes aegypti en los grandes espejos de agua. “Estos mecanismos de control biológico todavía son de uso limitado y quedan restringidos a casos puntuales y específicos, por eso se debe seguir investigando”, aclaró el científico.
 
Otra investigación que tuvo éxito a nivel internacional se basó en las chinches de agua y estuvo a cargo de Cristina Armúa de Reyes, quien trabaja desde 1996 en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). “Con los datos obtenidos en la investigación, determinamos que los Belostomas son potenciales controladores biológicos de agentes transmisores de enfermedades”, explicó la bióloga.

El género Belostoma, comúnmente conocido como “cucaracha o chinche del agua”, pertenece a la familia Belostomatidae que incluye 8 géneros con 150 especies y abunda en las aguas de la provincia de Corrientes.

Además del dengue, las chinches pueden combatir a larvas de varios vectores responsables de enfermedades tropicales como la fiebre amarilla y la esquistosomiasis. Estos avances fueron el resultado de más de una década de trabajo del grupo de investigación formado por la Dra. Armúa en la UNNE, lo que le valió varios reconocimientos internacionales.

“Es un trabajo arduo que requirió un estudio ecológico para determinar con muchos especialistas qué población de larvas y qué grupos de invertebradotes había, para luego hacer las pruebas de control biológico”, aclaró a la Agencia CTyS la Dra. Armúa.

Otros estudios se basaron en  la utilización de insectos “copépodos”,  una especie de crustáceos muy pequeños, muchas veces microscópicos. De las 12.000 mil especies conocidas, unas 7.500 se encuentran en diferentes ecosistemas y, de ellas, se reconocen más de 1.200 como propias de agua dulce.

”En Argentina había pocos datos sobre las especies nativas de copépodos y se analizaron algunas especies como posibles controladoras del Aedes aegypti en situaciones particulares; por ejemplo en pequeños recipientes artificiales”, destacó el biólogo del Museo de La Plata, Arnaldo Maciá.

Más problemas con los insecticidas

Los especialistas consultados por la Agencia CTyS coinciden en que el combate contra los agentes transmisores de enfermedades debe tener en cuenta tres aspectos: la información brindada a la población, el uso de químicos para eliminar plagas a corto plazo y el control biológico para considerar el problema a largo plazo.

“Los insecticidas, al tratar de atacar la especie dañina, afectan a las especies benéficas, que son los enemigos naturales y entonces las especies que realmente se quiere combatir sobreviven sin ningún problema”, aclaró la bióloga, Estela Neder de Román del Instituto de Biología de la Altura de la Universidad de Nacional de Jujuy, que funciona bajo la órbita del CONICET. Al respecto, agregó que “en muchas especies, como en el caso de cultivos agrícolas, los insectos tienen cada vez mayor resistencia por las grandes dosis de insecticidas”.

El biocontrol no sólo es cuestión de ecología, sino que económicamente evita los gastos excesivos en químicos, dado que se investiga y se utilizan los mismos elementos presentes en la naturaleza.

Por eso, el  reemplazo progresivo de los métodos químicos por el biocontrol, tiene la doble ventaje de cuidar la salud humana, sin alterar el equilibrio ecológico.