Exactas y Naturales Divulgación 

PARTICIPARON INVESTIGADORES ARGENTINOS

Destacan la agricultura temprana de los Andes por conservar la diversidad genética de las semillas de porotos y mejorar, a la vez, su calidad

Un equipo internacional concluyó que la labor de los primeros agricultores andinos fue muy eficiente, ya que lograron seleccionar los rasgos más deseables de estas legumbres sin perder variación de genes.


Un equipo de investigadores italianos, estadounidenses, noruegos y argentinos emprendieron un estudio para conocer la diversidad genética de los porotos y su variación a lo largo del tiempo, desde la domesticación de estas especies de legumbres hasta el presente.

“A diferencia de la idea comúnmente aceptada de que la domesticación del poroto fue un proceso gradual de selección de rasgos deseados que implicó la pérdida de diversidad genética, en este trabajo, a través del uso de ADN antiguo, demostramos que la selección de rasgos deseables y la pérdida de variación estaban desacoplados durante el proceso de domesticación”, explicó el investigador independiente del CONICET en el Instituto de Evolución, Ecología Histórica y Ambiente (IDEVEA, CONICET-UTN), Gustavo Neme, en un comunicado de prensa de CONICET.

Para este trabajo, dirigido por el científico Giorgio Bertorelle (Universidad de Ferrara, Italia), los investigadores estudiaron el genoma de porotos de muestras obtenidas de sitios arqueológicos de Mendoza (sitio arqueológico de Gruta del Indio) y del Noroeste argentino. En total se analizaron treinta ejemplares. Neme, quien formó parte del estudio publicado recientemente en la revista científica Nature Plants, destacó: “Los resultados muestran que la agricultura temprana de porotos en los Andes preservó la diversidad genética de las semillas”.

Por su parte, el investigador principal del CONICET en el IDEVEA y profesor de la UNCuyo Adolfo Gil señaló que la domesticación inicial del poroto “tuvo lugar hace alrededor de ocho mil años, tanto en Mesoamérica como en el área Andina central”, y precisó que las muestras utilizadas en esta investigación abarcan un periodo de “entre dos mil quinientos y seiscientos años antes del presente”.

Los investigadores revelaron que, si bien las plantas mostraban rasgos fenotípicos seleccionados, eran heterogéneas en el resto del genoma. La mejora inicial del poroto común abarcó miles de años y fue asistida por intercambios de cultivos e hibridación con plantas silvestres; la “eficiencia” de la labor de los agricultores radicó en la selección de diversos rasgos deseables sin que esto significara una pérdida significativa de variación genómica, hecho que sí ocurrió en tiempos más recientes.

Los investigadores ponderan la calidad de dicha agricultura andina porque, al mantener la diversidad, evitaba generar perjuicios futuros a las plantas. “Cuando los seres humanos seleccionan determinados rasgos en una especie doméstica particular (porotos, vacas, caballos, maíz, etc.), en ese proceso de selección eliminan variabilidad en pos de conseguir mejorar algún aspecto. Esa manipulación es perjudicial porque esta pierde capacidad adaptativa frente a los desafíos que podría enfrentar”, enfatizaron en el comunicado.

“En este trabajo –continuaron- se demostró que, en la prehistoria andina, durante el proceso de selección de determinados rasgos en el poroto, la especie no perdió variabilidad genética, lo que es muy importante para la especie y para el hombre que la manipula. Cuanta más variabilidad genética, más caminos posibles se abren a futuro en la especie (en este caso el poroto)”.

Por último, valoraron la sabiduría de la agricultura andina recuperada a partir de la investigación. “Estos resultados además son muy importantes no solo para el estudio de la evolución y domesticación del poroto, sino para aprender a manejarlo en el futuro, evitando así empobrecer el material genético de una planta doméstica. Esto facilita además el manejo de las especies por parte de agrónomos, ecólogos y en la búsqueda de variantes capaces de enfrentar los cambios ambientales futuros”, concluyeron.

Fecha de Publicación: 2021-02-11
Fuente: conicet