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Innovación

Nuevo enfoque para el tratamiento no invasivo de trastornos neurológicos

A través de ultrasonido, este método permitiría disminuir significativamente los casos que, hoy, solo pueden ser tratados con intervención quirúrgica.


Se estima que, en nuestro país, de cada 100.000 pacientes que padecen trastornos neuronales, solo 50 pueden ser intervenidos quirúrgicamente. La invasividad de estos procedimientos, así como los riesgos asociados con los implantes en el cerebro, significa que la elección de este tipo de terapia sea, a menudo, elegida como un último recurso.

Por ese motivo, el Instituto de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Buenos Aires (IIBM), junto al INTI, desarrolló una nueva técnica no invasiva para estimular la actividad neuronal a través de ultrasonido, que permitiría disminuir significativamente los casos donde, hoy, el único tratamiento es la intervención quirúrgica.


El método consiste en dirigir el ultrasonido a una región específica del cerebro que permite controlar la actividad cerebral en casos de epilepsia, Parkinson y alteraciones tanto de la conciencia como del comportamiento (por ejemplo, depresión crónica).

“Lo más atractivo de este nuevo método de estimulación cerebral es la no invasividad y la selectividad al mismo tiempo, porque las técnicas actuales tienen fuertes limitaciones”, explica Fabián Acquaticci del laboratorio de Transductores Piezoeléctricos y Procesamiento de Señales del centro Electrónica e Informática del INTI.

Los métodos farmacológicos carecen de especificidad y demandan un gran gasto metabólico, mientras que los eléctricos permiten alcanzar una alta especificidad, pero requieren de la implantación de electrodos profundos, y las prácticas no invasivas (como la estimulación magnética transcraneal o por corriente continua) tienen baja resolución espacial.

Los primeros ensayos se realizaron en animales de laboratorio y, ahora, se está avanzando en pruebas "ex vivo" -es decir, en tejidos humanos fuera del organismo-.

Fecha de Publicación: 2019-02-27
Fuente: CONICET