Exactas y Naturales Entrevista 

LA PALABRA DE EDUARDO P. TONNI

“Algunos autores todavía confunden bioestratigrafía con biocronología”

Eduardo Pedro Tonni, uno de los pilares en los estudios bioestratigráficos del Cenozoico Sudamericano, recibió a la Agencia CTyS en su despacho y dio su ABC para el estudio de los restos fósiles y sedimentarios.

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¿Qué es una biozona y cómo se llega a determinar?

Hay varias maneras de determinar la antigüedad de los sedimentos. Desde comienzos del siglo XIX, por lo menos, y hasta hoy, el método más efectivo, más práctico y más barato para determinar la antigüedad de los sedimentos son los fósiles.
Ahora bien, dentro de esa determinación de antigüedad a través de los fósiles, está lo que llamamos unidades bioestratigraficas. Y biozona, precisamente, es la unidad básica de la bioestratigrafía.
A la biozona la definimos como un paquete sedimentario caracterizado por un determinado tipo de fósiles o, dicho de otra manera, es un conjunto de sedimentos caracterizado por fósiles.

¿De qué manera se determina la antigüedad de una biozona?

En una biozona no interviene concretamente el tiempo. El tiempo se conoce una vez que determinamos la asociación de fósiles a través del tiempo, es decir, cuando tenemos una secuencia estratigráfica. Allí estamos en condiciones de determinar que los fósiles que están más abajo son más antiguos y, naturalmente, que los que están arriba son más modernos, siempre que las secuencias no se encuentren distorsionadas.
De esta forma, se establecen las antigüedades relativas; por ejemplo, si yo encuentro un fósil, hoy, que a su vez fue encontrado en otro conjunto sedimentario, ubicado quizás a 200 km, yo puedo determinar que la edad relativa del sedimento que encuentro hoy es la misma que la de los sedimentos que contienen los restos encontrados a 200 km.

¿Cuál es el aporte de los métodos que se usan actualmente para la datación?

Mientras que el estudio de los fósiles nos permite establecer antigüedades relativas, las nuevas tecnologías y los métodos modernos de datación nos permiten determinar la antigüedad absoluta de un fósil o de un sedimento. Así es como se puede convertir la antigüedad relativa en absoluta.
Desde comienzos del siglo XIX, lo que hacemos los paleontólogos es establecer las antigüedades relativas a través de los fósiles; en tanto que con las técnicas modernas se establecen las antigüedades absolutas.
Ahora bien, vale mencionar que el paleomagnetismo, por ejemplo, es un método que nos proporciona antigüedades relativas, porque no es en sí mismo de datación. Lo que hacemos, en primera instancia, es establecer las zonas paleomagnéticas; luego, procedemos a datar los crones y, a partir de este fechaje, estamos autorizados a mencionar que tal reversión se produjo en un determinado momento.

¿Considera pertinente que todavía se discuta al Piso Bonaerense como unidad?

Yo creo que no hay demasiada discusión sobre este tema. No porque crea que lo que uno plantea es una verdad absoluta, revelada, sino porque hay una secuencia de biozonas, a partir de una secuencia estratigráfica definida.
Por decir, tenemos superpuestas varias unidades estratigráficas con sus respectivos fósiles característicos, y en función de ello podemos determinar los distintos pisos y edades. Un piso es un conjunto de rocas depositado en un tiempo, el cual se determina a partir de los fósiles y de los fechados.

Usted suele remarcar la importancia del campo.

Es que el trabajo de campo es fundamental para establecer una cronología basada en bioestratigrafía. Otro comentario técnico que debo hacer es que hay dos maneras de usar los fósiles para determinar el tiempo: una es la bioestratigrafía, que es la que usamos nosotros y se basa en determinar la secuencia de rocas con un conjunto de fósiles que caracterizan a cada una de ellas; la otra es la biocronología, que es la metodología que se usaba hasta ahora y todavía algunos siguen usando. Esta consiste en recoger una cantidad de fósiles, estudiarlas y decir: ‘Este animal tiene características evolutivas más primitivas que este otro, por lo cual fue anterior’.
Lamentablemente, algunos autores todavía confunden biocronología y bioestratigrafía, aunque conceptualmente no tienen nada que ver. La biocronología se utilizó, básicamente, cuando no habían secuencias bioestratigráficas completas.
Supongamos que tenemos dos fósiles en distintas ubicaciones y sin una secuencia vertical completa que me permita establecer cuál es más moderno. Entonces, se observa el grado evolutivo; pero, aclaro, esto queda en el plano de la hipótesis. Luego, preciso de una bioestratigrafía que la corrobore o la refute.
En síntesis, la bioestratigrafía permite poner a prueba las hipótesis biocronológicas, pero no a la inversa.

¿Es posible establecer hipótesis biocronológicas en períodos acotados, por decir, entre el piso Lujanense y el piso Platense?

La biocronología siempre existe. De hecho, las ‘Edades mamífero’ son, en cierta medida, secuencias biocronológicas que se pueden determinar con facilidad, en caso de disponer de buenas colecciones de fósiles. Lo que he dicho, es muy sintético, pero, básicamente, es así.
El eje está en el reconocimiento conceptual de dos formas de usar los fósiles para establecer cronología. Una, la biocronología, la cual es hipotética y precisa su refutación o evidencia a partir de la determinación bioestratigráfica. De allí que el trabajo de campo siga siendo fundamental.


Eduardo Tonni es el jefe de la División Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata y es un referente mundial en el estudio de la paleontología del Cuaternario y de la paleoclimatología durante el Pleistoceno y el Holoceno.Entrevista realizada por Emanuel Pujol

Fecha de Publicación: 2011-07-12
Fuente: Agencia CTyS