Emociones y realidades: ¿qué sucede con la cuestión social en La Matanza?

Investigadoras del Centro de Investigaciones Sociales de la UNLaM compartieron, en una actividad de divulgación, los resultados sobre sus trabajos realizados en el distrito matancero. Entre otros aspectos, estudian las cuestiones de vulnerabilidad, analizando el rol de los comedores comunitarios, las dinámicas de los asentamientos informales y las desigualdades de género que sufren las mujeres en el ámbito laboral y en las tareas domésticas.

Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)- Con la presencia de investigadoras, estudiantes, referentes de organizaciones sociales e interesados en la temática, el Auditorio de la Biblioteca “Leopoldo Marechal”, de la Universidad Nacional de La Matanza, se convirtió por un rato en el escenario de una original propuesta de divulgación: “Mate y Podcast en vivo”, para compartir resultados sobre la cuestión social en La Matanza.

La iniciativa fue llevada a cabo por integrantes del Centro de Investigaciones Sociales (CIS-UNLaM), perteneciente a la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNLaM y creado en 2020 con el objetivo de producir y transferir conocimiento científico. Durante el encuentro –en el que, efectivamente, se grabó un podcast en vivo con los aportes de los presentes y se compartieron mates y medialunas- las investigadoras hablaron sobre cuestiones como las emociones que sienten los vecinos de La Matanza, la situación de los comedores y merenderos y cifras de las mujeres en durante y después de la pandemia. Además, compartieron resultados de los consumos pospandemia.

“Este evento se enmarcó en la Semana de la Ciencia, organizado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y es importante porque nos permite establecer otra forma de vínculo con la comunidad”, expresó la doctora Angélica De Sena, al frente del CIS y directora de las investigaciones de referencia.

“Es la segunda edición con esta modalidad y, si bien es importante que vengan actores de organizaciones sociales, también hay muchos estudiantes. El mayor valor que toma eso es que la comunidad conozca lo que hacemos y, a la vez, que nosotros podamos conocer lo que ellos hacen”, subrayó la cientista social e investigadora del CONICET.

Un relevamiento multidimensional

Constanza Faracce Macia, integrante del CIS, compartió su trabajo sobre los comedores y merenderos escolares de La Matanza, así como las emociones de las personas que gestionan esos espacios. “Hace más de 30 años que grandes sectores de Argentina organizan su forma de comer a partir de diferentes tipos de intervenciones estatales. Y estos espacios tomaron algunas características, como la predominancia de mujeres para organizarlos, heterogeneidad de los actores involucrados, de los orígenes de cada comedor y de sistemas de funcionamiento”, explicó.

En este sentido, Faracce Macia también agregó que, durante la pandemia, surgieron una variedad de elementos con carácter de urgencia que, luego de terminada la situación sanitaria, se mantuvieron. “Hubo personas que empezaron a necesitar de asistencia alimentaria durante la pandemia, pero luego de terminada la pandemia, siguieron en la misma situación. Se instalaron modalidades como la entrega de viandas, o, directamente, de bolsones o cajas de comida. Esto trajo aparejada, a su vez, la recepción de parte de todos los miembros de la casa de estos beneficios”, detalló, a la vez que explicó que, según expresaron las personas entrevistadas, el tener un comedor implica tener una casa más. “No solo se trata de alimentos, sino de utensilios, productos de limpieza, el pago de servicios, reposiciones de cosas que se rompen, etc.”, enumeró.

"El mayor valor que toma esta actividad es que la comunidad conozca lo que hacemos y, a la vez, que nosotros podamos conocer lo que ellos hacen”, subrayó De Sena.


En relación con las emociones, la investigadora del CIS remarcó que las más predominantes fueron, entre otras, la sensación de que los recursos “nunca alcanzan y que lo que aporta el Estado es un alivio, pero nunca es suficiente”. “Aparecen sensaciones de tristeza, cansancio y bronca, aunque también surgen cuestiones de la solidaridad, la satisfacción y que el trabajo es colectivo”, expresó.

Florencia Bareiro Gardenal, por su parte, habló de las distribuciones de los asentamientos informales en el distrito, un aspecto que viene en crecimiento desde los últimos años: la última cifra del Ministerio de Desarrollo Social, en 2022, arrojó que son 142 en La Matanza, cuando el relevamiento hecho por la organización Techo mostraba un total de 84, en 2013.

“La mayor cantidad está en las localidades de González Catán y Virrey del Pino. A medida que hay más distancia de la ciudad de Buenos Aires, aumentan las condiciones de precariedad y pobreza. Y en la investigación aparecieron diferentes actores vinculados a la problemática habitacional. El Estado, desde ya, pero también se articulan con organizaciones, internas o externas, como distintas ONGs, que intervienen en el barrio”, resaltó.

Sobre las emociones de las organizaciones externas, Bareiro Gardenal explicó que identificaron cuestiones como “la incomodidad, la injusticia y el sentimiento de que es algo que 'quema y duele mucho', lo que impulsa una ayuda, una militancia o proyecto de vida. También da lugar a practicas vinculadas a la solidaridad y que reconfortan”. Por el lado de las emociones internas en los barrios, surgen otros aspectos, por ser individuos que viven en su cotidianeidad las situaciones de vulnerabilidad y la falta de acceso a la vivienda.

“Aparece el miedo, la impotencia, el vínculo a la inseguridad vivida en el pasado y a la incertidumbre por el futuro. Todos estos aspectos, claramente, están relacionados y articulándose, ya sea entre los actores como en las problemáticas que impiden el acceso a la vivienda", puntualizó.

Por su parte, María Belén Lazarte, investigadora del Departamento de Derecho y Ciencia Política de la UNLaM compartió sus resultados sobre las cuestiones de género y las segmentaciones de tipo vertical y horizontal que existen para las mujeres, así como los roles sociales y tareas que se le imponen a ellas, como el cuidado, la salud o la docencia.

Por último, Andrea Dettano investigadora CONICET e integrante del CIS, mostró resultados del proyecto bajo su dirección, respecto a las prácticas de consumo de la población matancera. “Por un lado, la gente menciona una baja en sus ingresos y, por lo tanto, el consumo de primeras marcas y en algunos casos de productos de canasta básica”, explicó la cientista.

En cuanto a la compra de alimentos, según compartió Dettano, el 62,6 por ciento adquirió menor cantidad de los alimentos que necesita; el 33,5 por ciento de los encuestados compró la misma cantidad, mientras que el 3,8 por ciento restante compró mayor cantidad de alimentos

A su vez, el 24,2 pidió algún préstamo en los últimos 6 meses, un 7,25 por ciento participó en trueques o intercambios de alimentos y un 5,87 por ciento en intercambios de ropa y/o calzados. “Además, casi un 11 por ciento dijo haber recibido alimentos. Este porcentaje asciende a 26,73 entre aquellos que reciben programas sociales”, detalló la investigadora.

Un viaje a través de las emociones

Una de las claves en que se centran estas líneas de investigación son las emociones de los sujetos estudiados. Así, en el caso de los comedores se presentan la sensación de que nunca alcanza, con tristeza, cansancio y bronca, pero, al mismo tiempo, solidaridad y satisfacción por las tareas realizadas.

En el caso de la dimensión sobre los asentamientos, aparecen las incomodidades y el enojo, a la par de impotencia e incertidumbre sobre el futuro. “Como siempre aparece cierta forma de desazón y de desesperanza, la pregunta que siempre surge y nos interpela es qué hacemos. Entonces, en estos espacios de divulgación, buscamos, entre todos, pensar cómo desarmar esos sentimientos para pasar a convertirlo en prácticas de esperanza y de confianza, pensando hacia el futuro”, resaltó De Sena.