Pasiones políticas, o cómo repensar la democracia

La doctoranda en Ciencias Sociales (UBA, CONICET) Daniela Losiggio dio una charla en la Universidad Nacional de La Matanza acerca de cómo las nuevas teorías feministas discuten el rol de las emociones en el espacio público y en la disputa por el poder.

Carolina Vespasiano (Agencia CTyS-UNLaM) – La mujer mira desafiante a la cámara. Tiene el cabello recogido, un pañuelo a lunares en su cabeza y un overol azul arremangado que deja ver su brazo fornido y la contundencia de su puño cerrado. La mujer interpela. La mujer no se deja intimidar.

Se trata de un ícono estadounidense creado en plena Segunda Guerra Mundial. Una ilustración que, décadas más tarde, fue resignificada por el feminismo que bregaba por trasmitir la fortaleza de las mujeres en contra de los estereotipos de género que el sistema y la cultura patriarcal reproducían (y reproducen).

Por entonces, para tomar el espacio público y salir de la esfera de lo privado, la mujer debía exaltar estas emociones y prácticas relacionadas con la masculinidad. La demostración de la fuerza y la negación de las emociones “negativas” (como la fragilidad o la vulnerabilidad) eran estrategias necesarias para exigir la igualdad de género, el control de la natalidad y la salud reproductiva y el reconocimiento del trabajo doméstico.

De estas históricas manifestaciones por la conquista de derechos surgió la frase “lo personal es político”, una declaración de principios que todavía genera cuestionamientos al interior de las teorías feministas y que habla de aquello que vincula, con ciertas tensiones, estos dos mundos: las pasiones, las emociones o, como se denomina en este campo intelectual, los afectos.

En el marco del proyecto de investigación Latinoamericanismos: representaciones políticas en la industria ‘global’ de la cultura (CyTMA2), dirigido por el Dr. en Estudios Culturales y profesor de la Universidad Nacional de La Matanza, Pablo Andrés Castagno, la Magíster en Sociología de la Cultura y profesora de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, Daniela Losiggio, disertó sobre el rol de los afectos en el escenario político de las democracias y en el espacio público, temática que se trata, desde principios del siglo XXI, en la filosofía feminista denominada “giro afectivo”.

Así lo explicó Losiggio: “Se trata de una corriente teórica reciente que surge de lo que llamamos la “tercera ola” del feminismo y que deriva de las filosofías de género queer. Busca repensar la cuestión de los afectos y de lo que eso implica en torno a la agencia, esto es, la relación entre los afectos, los sentimientos, las pasiones y la acción política”.

Antecedentes
Cuando se habla de pasiones, se puede hablar de odio, rencor, envidia, vergüenza (emociones negativas) o también de alegría, felicidad, honradez y disposición al consenso (emociones positivas). Las primeras son, en el campo político, fuertemente ligadas a los totalitarismos. Las teorías de la democracia deliberativa —en las que Jürgen Habermas es uno de los referentes— se sostienen sobre el segundo tipo de emociones, es decir, la idea del consenso, del diálogo y del acuerdo común.

Sin embargo, el conflicto en política siempre emerge y es precisamente allí donde el supuesto de Habermas se rebate. Para la politóloga y filósofa Chantal Mouffe, la política es esencialmente conflictiva. Según Losiggio, la tesis ontológica de Mouffe admite “enfrentamientos, pasiones, odio y envidia”. Sin embargo, es absurdo señalar al conflicto como “retrógrado, anticuado o totalitario”.

Mouffe reconoce las pasiones en la arena política pero subraya que existen dos niveles. Para la intelectual belga, cuando hay un enfrentamiento de ideas —aun cuando este no surja en la esfera de lo estatal o lo institucional— se da lo político. La política, en cambio, se manifiesta en las instituciones, en las que el conflicto, que surge entre antagonistas o “rivales legítimos”, se sublima.

¿En verdad se sublima? ¿Es la política el espacio donde se superan los afectos reconocidos en lo político? La crítica surge desde las teóricas del giro afectivo, la corriente que retomó la necesidad de plantear el vínculo y el uso de los afectos en la política y en la definición pública del género. Otra vez, la consigna. Lo personal es político.

Lo privado y lo público, un horizonte difuso
Nancy Fraser fue otra de las intelectuales que cuestionó la teoría de Habermas en relación a la esfera pública que sustentaba la democracia. “Aquí viene —subraya Losiggio— la cuestión del giro afectivo, que justamente piensa otra de las cosas que apareció como propia de la esfera privada: el tema de los efectos. Por un lado, lo público, lo racional; por otro lado, lo afectivo, las sensibilidades y las mujeres. Lo privado”.

Tomando el ejemplo del principio, la exaltación de emociones positivas también se dio en otros movimientos. Tal es el caso del movimiento gay de los ‘60. El orgullo era la salida de la vergüenza, su afecto opuesto. El sentido era aparecer, hacerse visible en la esfera pública, y, en el caso de las feministas, sucedía lo mismo.

Una de las teóricas que cuestiona estos “afectos normativizados” es Judith Butler, una de las principales referentes en esta materia. Sus estudios revisan los afectos del orgullo, la fortaleza y el coraje, y le preguntan a este feminismo por los afectos negativos pasibles de ser ocultados: ¿Por qué no la vergüenza?, ¿Por qué las mujeres no podemos ser, también, frágiles?

En este sentido, el giro afectivo propone una revisión de los afectos y, con esto, refuerza la idea de que los derechos, el acceso a la política y al trato igualitario no queden supeditados a determinadas pasiones que se sobrevaloran. Pasiones, características extensamente reproducidas como afines a lo masculino y ajenas a lo femenino. En síntesis, las pasiones, el conflicto, conforman lo político, pero no deben determinar quienes acceden a la escena política.

Los giros de la escena política actual
Los antiguos postulados y el devenir de la historia ubicaron a las pasiones negativas con los totalitarismos. En palabras de Losiggio, “el fascismo construía un enemigo imaginado a partir de fenotipos y hablaba de odio, de lo que había que destruir. La derecha latinoamericana hoy abona sus discursos desde los afectos positivos, como la alegría, el amor, la felicidad y la honradez, pero esos afectos, desde su superficialidad, pueden ser reaccionarios”.

En esta coyuntura, el esquema tradicional de estudios sobre la democracia se ve interpelado. Los afectos tomados como “positivos” pueden no traer aparejada una política de resolución o visibilización de conflictos acorde a esas emociones. La sospecha inversa podría recaer sobre los efectos opuestos: ¿puede hallarse allí un potencial transformador?

Castagno concluye: "Los afectos son la potencia que tienen los cuerpos de constituirse unos a otros y así reproducir o transformar el lazo social. En nuestra práctica crítica-afectiva de feminismo y estudios culturales, cuestionamos y examinamos cómo en las sociedades contemporáneas la industria cultural cosifica nuestros afectos, regulaciones políticas dividen nuestros cuerpos, y estructuras de dominación masculina intersectan con otras de clase, etnicidad, nación y región".