Interdisciplinario Divulgación 

ESTUDIO INTERDISCIPLINARIO

Más inundaciones, mismas crecidas: ¿Cosa e’ Mandinga?

Un equipo del Instituto Nacional del Agua y de la Universidad Nacional de General Sarmiento analizó las causas de las inundaciones que, durante años, ocurrieron en la ciudad de Jáuregui, y reveló que, aunque el fenómeno parezca "natural”, la expansión territorial es la principal responsable.

Carolina Vespasiano (Agencia CTyS-UNLaM) – Desde el año 2012, distintas ciudades y pueblos situados sobre la cuenca del río Luján han padecido un aumento en la frecuencia de inundaciones. En cada ocasión, entre los posibles por qué sobresalían los avatares del clima, y entre los qué hacer se rescataban, una y otra vez, las grandes obras hidráulicas, canales y defensas como la solución necesaria para este peligro latente.

Cuando se habla de inundaciones, rara vez se esgrimen causas que no sean “naturales”. Sin embargo, investigadores del Instituto Nacional Del Agua (INA) y de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) indicaron que el “factor humano” puede tener una gran cuota de responsabilidad en estos fenómenos.

Así lo demostraron en su estudio titulado Cosa e' Mandinga ¿Será que crece lo mismo y se inunda más?, que se centra sobre la zona de Jáuregui, al noroeste de la provincia de Buenos Aires, en donde se había registrado un incremento de las inundaciones, y de sus consecuentes daños, durante los años 2012, 2014 y 2015.

Si bien la percepción del fenómeno aumentó en ese rango de tiempo, los picos máximos de crecida del río Luján no fueron más elevados que en otros años igual de “húmedos”. En otras palabras, la causa de la inundación no estaba en el río, sino en el territorio y en la forma de ocuparlo.

El equipo -integrado por Leandro Giordano, Carlos Ruggerio, Pamela Flores y Juan Bianchi- analizó estadísticamente los picos máximos anuales, mensuales y quincenales de las precipitaciones, y el nivel máximo diario del río Luján en Jaúregui. Además relacionaron estos datos con la expansión demográfica en la zona, y así averiguaron si las inundaciones son por un fenómeno natural o por el uso que se le da a las tierras ribereñas.

“La inundación es un fenómeno de interfaz, que ocurre mediante la interacción de dos sistemas de distinta naturaleza: el sistema natural con las crecidas del río –el llamado “peligro”- y el sistema territorial con la urbanización. La inundación depende de cómo se posiciona el sistema territorial frente a este peligro”, detalla el hidrólogo Leandro Giordano, en diálogo Agencia CTyS-UNLaM.

Para desarrollar el estudio, los investigadores observaron, por un lado, cómo variaron las crecidas del río Luján en la región de Jáuregui, usando la modelación hidrológica como herramienta. “Lo que pudimos ver es que, en realidad, no había un cambio significativo en los picos máximos anuales (de crecidas)”, explica Giordano.

Por otro lado, mediante imágenes satelitales, analizaron la dinámica de expansión urbana y detectaron que hubo un crecimiento sostenido de la población sobre la zona que suele inundarse. “Teníamos una clara evidencia de que se había incrementado la población de la planicie aluvial del río Luján, desde Suipacha hasta la ciudad de Luján”, asevera el investigador.

Con estos estudios, realizados de forma interdisciplinaria, Giordano y su equipo corroboraron que no hubo un aumento de la “amenaza” natural, sino que lo que aumentó fue la exposición de la población. “Eso hace que inevitablemente haya más inundaciones si no se toma alguna medida al respecto”, subraya el hidrólogo.

La cuenca y la ciudad, una relación problemática
Parte de esta investigación permitió ver cómo los ciclos de la cuenca y otras variables influyeron en la transformación del territorio, que tiende a desarrollarse urbanísticamente cada vez más cerca de las riberas.

En tal sentido, la expansión demográfica sobre planicies de inundación trae aparejada la impermeabilización de superficies y la compactación de suelos, que suelen llevar a pérdidas en las tasas de infiltración y, también, a una aceleración de la escorrentía del agua.

Según Giordano, entre 2005 y 2012, la cuenca atravesaba un periodo “seco”, en el que las crecidas eran un poco menos elevadas que en los años posteriores. En ese entonces, con la amenaza invisibilizada, la expansión poblacional se aceleró sin advertir futuros peligros, impulsada también por el crecimiento económico.

De 2012 en adelante, la cuenca se encuentra en la fase “húmeda” y, desde entonces, la población –que anteriormente se había acercado cada vez más a las riberas por ausencia de “peligro”- experimentó mayor exposición a las crecidas. Al no tener en cuenta esta alternancia cíclica natural, el fenómeno de la inundación apareció como un factor inesperado y en ascenso.

“Los desastres –asevera Giordano- son fenómenos complejos. Cuando pasan, buscamos un culpable, en lugar de pensar que, quizás, las raíces del problema están en el modo de producción del cual formamos parte todos. Me parece que hay que ser más críticos en este sentido”.

En esa línea, el investigador entiende que, frente a la amenaza de inundación, las obras estructurales –como canales, diques y defensas- no deberían ser siempre la primera alternativa porque, si solo se tiene en cuenta esa solución, “no se aborda toda la complejidad del problema ya que, en tal caso, se sostiene la lógica de producción de espacio que da lugar a esta inundación”.

En cambio, propone medidas no estructurales, como sistemas de alerta temprana y normativas que establezcan tipos de construcción adaptados al ambiente inundable. “La hidrología tiene que proveer herramientas tales como mapas de peligrosidad, que puedan ayudar a la toma de decisiones, y mediciones, que sin ellas la teoría científica no tiene sentido. Estos son los servicios públicos que también tiene que brindar el Estado para amortiguar daños en el territorio”, concluye.

Fecha de Publicación: 2020-01-07
Fuente: Agencia CTyS