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COMUNICACIÓN Y GEOGRAFÍA

Migración y desigualdad, dos caras de una misma moneda

Las investigadoras de CONICET Brenda Matossian y Cecilia Melella visitaron la UNLaM para contar cómo la distribución desigual del espacio y los discursos xenófobos impactan en el acceso a los derechos de las personas migrantes en La Matanza.

(Agencia CTyS-UNLaM) - Según el censo de 2010, en el Partido de La Matanza viven alrededor de 1.800.000 habitantes y un 10 por ciento de ellos son personas migrantes. Si bien el dato puede leerse desde la diversidad cultural local, en el mapa la cifra se traduce como desigualdad.

La geógrafa e investigadora de CONICET Brenda Matossian trazó un mapa de la distribución territorial de los migrantes y encontró que la ubicación de las comunidades se concentra en la periferia del partido que, tal como en el AMBA, registran los mayores niveles de precariedad.

En su estudio, presentado junto a la comunicadora Cecilia Melella en el seminario “Los derechos para las personas migrantes”, realizado en la Universidad Nacional de La Matanza, Matossian detectó que las mayores concentraciones de población migrante en el municipio se ubican en localidades como Villa Celina, Villa Madero y Tapiales, que concentran entre el 11 y casi el 50 por ciento de personas migrantes sobre el total de la población.

Virrey del Pino, González Catán y Rafael castillo son las localidades con mayor densidad de la población paraguaya. En tanto, la comunidad boliviana alcanza una mayor concentración en localidades como Villa Madero, Tapiales, Laferrere y Aldo Bonzi con respecto al total de los extranjeros.

En lo que tiene que ver con los migrantes italianos, las concentraciones más elevadas se dan en zonas que sugieren otro nivel socioeconómico: Ramos Mejía, Lomas del Mirador, San Justo, y La Tablada.

“Las condiciones de vida van desmejorando a medida que se alejan de las centralidades. La ruta 3 en este caso funciona como un tronco de centralidades”, explica la especialista.

La geógrafa analiza, también, cómo la distribución territorial de la población migrante se relaciona con las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que se detectan por: vivienda (pieza de inquilinato o espacio precario), hacinamiento (más de tres personas por cuarto), condiciones sanitarias (hogares sin ningún tipo de retrete), asistencia escolar y capacidad de subsistencia.

“Para el total de los hogares extranjeros –explica la geógrafa- el porcentaje de hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas es de 19 por ciento, superior al del conjunto de la población nativa y migrante, en donde dichos hogares alcanzan el 11 por ciento”. En otras palabras, la experiencia de los migrantes en el territorio tiende a ser compleja y sus derechos cívicos tienden a verse más vulnerados que los de la población nacida en Argentina.

En ese sentido, la investigadora destacó que la cartografía “es una herramienta para poner en valor la diversidad que tienen el partido y cuáles son las áreas que presentan desafíos para gestionar esta diversidad y las necesidades básicas insatisfechas”.

Discriminación en pantalla
Por su parte, la investigadora Cecilia Melella se centró en la construcción de imaginarios mediáticos xenófobos y su impacto en el acceso a derechos para los migrantes. A lo largo de los años, encontró que la reproducción de discursos discriminatorios aumenta en contextos en los que la política lo habilita y promueve.

Por ejemplo, en los albores del Estado Nación, cuando se fomentaban la inmigración de personas del norte europeo, aquellos que provenían de regiones del sur de ese continente –italianos, españoles- eran fuertemente estigmatizados por la prensa local.

Más tarde, entre la década del 30’ y del 70’, el foco de la estigmatización pasó a las migraciones internas, fuertemente promovidas durante los gobiernos peronistas. Expresiones como “cabecitas negras” y “aluvión zoológico” impregnaban asiduamente los discursos de las clases dominantes.

En la década de los noventa y luego de los años 2000, Melella explica que “los medios de comunicación empiezan a construir a los migrantes de los países vecinos como aquellos culpables de la crisis que estaba atravesando Argentina en ese momento”.

La llegada de la Ley de Migraciones (N° 25.871), en 2010, funcionó no solo para asentar derechos sino como un atenuante en la circulación de mensajes de tinte xenófobo. “Sin embargo –aclara la investigadora- los migrantes de países vecinos van a ser vinculados a noticias folclóricas donde su carácter de sujeto y sujeta activa queda un poco desdibujado”.

Cuando el presidente Mauricio Macri emitió el DNU 70/2017 que modificaba la Ley de Migraciones, los medios masivos de comunicación volvieron a relacionar factores como la falta de recursos en la salud pública, la falta de trabajo y la inseguridad con un mayor ingreso de personas de países limítrofes al territorio. Es decir, “migrantes” y “criminalidad” eran conceptos asociados.

En lo que respecta a La Matanza, la representación negativa se agrava. “El Partido es representado desde la negatividad, la exotización y la infantilización que refieren a tres aspectos: el clientelismo político, la violencia y la carencia. Muy pocas veces se representa al Partido desde aspectos positivos, como la diversidad”.

Pero frente a una agenda mediática xenófoba, Melella subraya que las propias comunidades migrantes organizadas responden con contra información. A partir de periódicos gráficos y digitales, y del uso de las redes sociales, las comunidades generan sus propias agendas y producen información rigurosa para desmentir las falacias.

Fecha de Publicación: 2019-10-18
Fuente: Agencia CTyS