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HOMENAJE

Eduardo Charreau: una vida de compromiso y audacia

La doctora Becu-Villalobos recuerda al ex presidente del CONICET, recientemente fallecido, como un referente a nivel científico y también en materia de gestión. Destaca su condición de líder, sus logros en el campo académico y su mirada audaz para buscar una ciencia de primer nivel.

El pasado 23 de marzo falleció, a los 78 años, el doctor Eduardo Charreau. Discípulo del Primer Nobel argentino de Ciencias, Bernardo Houssay, y presidente del CONICET entre 2002 y 2008, Charreau tuvo una destacada participación en el escenario científico argentino de las últimas décadas. En esta nota, la doctora Damasia Becu-Villalobos, actual directora del IBYME –donde Charreau participó activamente hasta los últimos días- lo recuerda como compañero y referente.

Dra. Damasia Becu-Villalobos (especial para Agencia CTyS-UNLaM)*- Además de ser un renombrado y reconocido científico, el doctor Charreau era un líder, una persona que recibía a todos, que escuchaba a todos y que tenía una gran empatía. Para ser un gran líder hay que ser una gran persona, y él lo era. Además de ser ecuánime, era tremendamente trabajador, con un rumbo claro y fijo, que era la ciencia de primer nivel.

Lo conocí siendo becaria, y en ese momento él ya era jefe de grupo y estaba en el Consejo Directivo del IBYME. Siempre decimos en el Instituto, tanto los 120 investigadores como los 140 becarios, que cuando llegamos al Instituto él ya estaba acá, y de hecho él recibía a los becarios. Estuvo presente hasta el último momento, trabajando, participando del Consejo y aportando soluciones a los problemas: desde lo más grandes hasta los más chicos.

Si lo tengo que definir, lo definiría por su audacia, porque tenía una mirada muy audaz en cuanto a cómo proceder y una visión de que íbamos a lograr los objetivos. Si había problemáticas, había que continuar, conseguir más laboratorios, más equipos, más fondos. Siempre fue un gran apoyo, en toda la carrera y en estos ocho años que llevo en la dirección. Fue un gran compañero de lucha y un “compinche” en casi todas las actividades del Instituto en estos años.

En relación a la presidencia del CONICET, entró en un momento en el que casi no había ingresos a carrera ni becarios, e hizo todo un plan para incrementar el personal de ciencia en forma gradual, plantándose ante el Presidente de la Nación -Eduardo Duhalde primero y Néstor Kirchner después- para conseguirlo. Siempre me decía que lo importante, en su gestión, fue haber tenido un Directorio muy bueno, que lo acompañaba y lo apoyaba en todos los pedidos que se hacían a la dirigencia política. En su presidencia, el CONICET pasó de ser una institución chica a ser una institución que realmente apoyaba la ciencia y tenía un protagonismo en el país. No hay que olvidar que fue discípulo de Bernardo Houssay, creador  y primer presidente del CONICET.

Si uno lee su biografía científica, además, fue una persona que ocupó lugares importantes en todos los ámbitos de la ciencia y, sobre todo, en el ámbito de la biotecnología. Un gran proyecto suyo, por ejemplo, fue el de desarrollar insulina humana para la venta en Argentina. En el país, toda la insulina que usan los diabéticos tiene una fórmula primordial que viene de Europa, no hay una insulina totalmente Argentina. Y él estableció el primer convenio –primero con la empresa Beta y luego con la empresa Denver- de una insulina que ahora está en la escalada hacia la producción.

Sin descuidar la ciencia básica, él consideraba que era algo positivo que la ciencia desembocara en algo productivo. Esta gestión de la insulina, un largo proyecto de 15 años, finalmente pudo cristalizarse. Más allá de este trabajo, todas las inversiones que tenían algo de biotecnología e innovación lo querían tener en su Consejo Directivo, por su trayectoria y por su visión.

Fue, sin duda, un gran referente, al que todo el mundo obedecía y seguía, que sabía generar consenso y que tenía una gran dimensión humana. Este lunes, su cortejo fúnebre se desvió y pasó por la puerta del IBYME en la calle Obligado. El adiós del maestro. Todos en IBYME e INGEBI salieron a la calle a aplaudirlo durante cinco minutos, algo que no se hace para toda la gente. Y ése es su mayor homenaje.

* La doctora Damasia Becu-Villalobos es doctora en Bioquímica, Investigadora Superior del CONICET y actual Directora del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME). Fue reconocida con numerosos premios y distinciones a lo largo de su carrera académica.

Fecha de Publicación: 2019-03-26
Fuente: Agencia CTyS-UNLaM