ECOLOGÍA

La mujer antártica

La científica del Instituto Antártico Argentino, Marcela Libertelli, lidera la investigación que llevó a los expertos a acampar junto a pingüinos emperadores en pleno invierno antártico. Una experiencia que merece ser contada por quien se siente en su casa cuando visita el continente blanco.


Gaspar Grieco (Agencia CTyS) - El viento gélido golpea con fuerza en la zona más inhóspita del planeta. La tormenta muestra toda su furia. En el precario refugio perdido en la gran planicie blanca, los cuatro ocupantes lucen preocupados. El techo se mueve sin control. “Listo, se vuela y nos morimos de frío”, repiten los científicos al abrigo de bolsas de dormir. Durante dos días, las inclemencias climáticas no los dejan salir al exterior. Miedo es lo que sienten, pero sobreviven. ¿Alguien volvería a ese sitio después de tan traumática experiencia? Sí, los investigadores argentinos que trabajan en la Antártida.

La Investigadora Científica del Instituto Antártico Argentino (IAA) Marcela Libertelli es una verdadera mujer antártica. No sólo por la cantidad de meses que pasó en el continente blanco, al que define como su “segunda casa”, sino también porque cuando pasa tiempo lejos de allí, lo extraña. “Lo extrañás y te vas familiarizando con ese lugar con todos los peligros que conlleva, pero es un lugar tan maravilloso que nunca se te ocurre no ir por esos peligros”, cuenta.

Libertelli se dedica al estudio de aves antárticas. Luego de trabajar muchos años con el pingüino papúa y los petreles, hoy, la bióloga dedica sus horas al majestuoso pingüino emperador que, con su metro veinte de altura y sus aproximados 35 kilos de peso, es la única especie de ave marina que se reproduce sobre el mar congelado del crudo invierno antártico.

La colonia de pingüinos emperadores del extremo sur de la Isla Cerro Nevado fue descubierta a mediados de la década del ´90 por científicos del IAA que sobrevolaban la zona. Tras años de insistencia, en 2013, el grupo de investigación liderado por Libertelli logró hacer la primera campaña en el crudo invierno antártico. ¿Pero, por qué realizar la campaña en esa época del año, cuando el clima es tan hostil?

“El pingüino emperador es la única especie que debe estudiarse en esta época del año porque son los únicos animales que se reproducen en invierno. Va a contrareloj del resto de las especies. Mientras que la mayoría aprovecha el deshielo y la bonanza de la primavera-verano, el pingüino emperador tiene un ciclo de vida tan largo que tiene que acomodarlo en invierno para que los pichones estén listos cuando se rompe el pack de hielo y tengan disponible todo el alimento que necesitan al momento de emanciparse”, explica Libertelli.

En una primera etapa, los científicos sobrevolaron la colonia y contaron la cantidad de pingüinos adultos. Luego viajaron durante cuatro horas en motos para la nieve sobre el mar de hielo - con temperaturas muy bajas- para acercarse a contar los pichones, tomar algunas muestras y analizar el terreno para poder acampar al año siguiente junto a la colonia. Sólo se quedaron tres horas y volvieron a los 15 días a permanecer la misma cantidad de tiempo.

Un año después, el pasado septiembre, los científicos realizaron la segunda expedición a la colonia de pingüinos donde esta vez, sí, acamparon a 300 metros de las aves por varios días. Allí, hicieron un censo de adultos (desde el aire mediante sobrevuelo) y de pichones y evaluaron el estado de salud de la población. Felizmente, los resultados fueron positivos. “La colonia que investigamos viene creciendo comparando con los datos que recolectaron los científicos que la descubrieron  Aparentemente, con buen estado de salud. El último conteo nos dio más de 7.500 pingüinos adultos”, subraya la bióloga.

Al evolucionar en un invierno sin presencia humana (porque están solos durante todo el invierno) los pingüinos emperadores no le temen a nuestra especie. Por eso, al momento del encuentro con los investigadores se producen situaciones memorables: “Tienen una actitud bastante pasiva y curiosa y si vos te agachás o te sentás en el hielo ellos se te acercan y te empiezan a observar y se quedan a un metro con sus pichoncitos. Tienen una actitud sumamente inocente, no nos ven como una amenaza”, destaca Libertelli. 

Una amenaza emperadora

El emperador está catalogado como la especie de pingüinos más amenazada por el calentamiento global, porque depende exclusivamente del hielo para reproducirse. Y, en los últimos años, el hielo marino antártico ha sufrido cambios en su duración y pérdida significativa en su espesor.

Para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), esta especie está catalogada como “cercana a la amenaza”. Pero, para la Dirección de Fauna Silvestre de la Nación, se trata de una “especie amenazada”. De hecho, según estudios internacionales, para 2050 esta especie podría reducir drásticamente su población.

Debido al calentamiento global y las inclemencias climáticas asociadas a éste y más aún en los años donde el fenómeno de El Niño se hace presente, se observa una notable disminución del kril, lo que puede producir importantes consecuencias en la alimentación de una gran cantidad de especies antárticas.

“Lo que se está viendo es que las poblaciones del pingüino Adelia, que dependen mucho del kril y del hielo en el invierno, vienen decreciendo en varias localidades antárticas. Al contrario, el pingüino Papúa, que no es dependiente del hielo marino y tiene una dieta más variada, no muestra la misma tendencia en sus poblaciones”, advierte la bióloga.

Mientras la fuerza del viento azota al continente blanco y la crudeza del frío congela el mar, Marcela Libertelli trabaja en su laboratorio. Ansiosa, cuenta los días para volver a su segunda casa, aquel “lugar tan maravilloso” donde el peligro se hace presente. Allí, miles de animales la esperan y miles de futuras anécdotas se esconden bajo la nieve.

Fecha de Publicación: 2014-12-05
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